Día 10 /Crónica de una influenza anunciada

Centro de Coyoacán. Domingo 3 de mayo de 2009.

Frente a la panificadora se detiene un taxi. Baja una maleta café de llantitas con una gran etiqueta de registro de viaje. Luego, unos pantalones de mezclilla aguados. Un brazo muy delgado. Un trasero muy pequeño. Una cangurera. Y, por fin, un largo cabello lacio que cubría la cara de una molesta chica oriental (a la que llamaré “Chinita”)  peleando con la cangurera antes citada.
Cuando Chinita logró salir del taxi, acomodarse la cangurera, quitarse el cabello de la cara, zafar la manija de su maleta, acomodarse el suéter, arrancar la etiqueta de registro de viaje a su maleta, guardar su cartera, y caminar unos pasos, miró a su alrededor. No tanta gente sentada en los nuevos escalones del centro, o en las ausentes jardineras. Chavos en patinetas. Puestos, parejas y palomas. Un Coyoacán bastante tranquilo.
Caminó un poco más. Se detuvo súbitamente. Detuvo la maleta con con sus piernas y, arrancó con las dos manos el cubrebocas blanco que, aunque de tela, era muy sofisticado. Siguió caminando hacia el kiosko, observando un montón de bocas desnudas y sin pudor, besando, platicando, gritando y comiendo pasearse junto al recién remodelado centro de Coyoacán.

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    • lala
    • 17/05/09

    es muy importante preotegernos 😀

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