Súper jóvenes: la utopía de salvar al mundo

Estaba en la Cineteca el domingo. Ciclo de “Cine y periodismo” organizado junto con la Academia Nacional de Periodistas de Radio y Televisión. Vi Good night, and good luck (bastante recomendable). Al final la comentó el periodista Rafael Cardona. Lanzó la pregunta al aire: “¿de qué trata esta película?” Al fondo, en la pequeña sala: “de la ética”, “la censura”, ” la… “. Rafael Cardona responde: “de la intolerancia”. Inicia un debate. No tardé mucho en sentirme en la escuela, en clase. Las mismas dudas de siempre. El mismo tipo de comentarios. Muchos realmente buenos. Pero nada nuevo. El mismo tipo de debates que se generan en chavos que estudian mi carrera (periodismo, o comunicación… o algo del área), los que la terminaron, los que a penas la inician o iniciarán, y entre periodistas veteranos.

Se criticó al duopolio, se acusó a las empresas. Por ahí defendieron a los empresarios y acusaron a los televidentes (de forma muy inteligente). Ética, relación entre el estado y los medios, legislaciones, canales, dinero… esas cosas de siempre. Entonces, una señora al fondo comenta algo muy común: “…………. la solución está en los jóvenes”.

Y justo en ese momento me caí mal por creerme eso muchas veces. Creer que por ser joven prácticamente tenía la obligación de salvar al mundo y mejorarlo. Inmediatamente me volví a caer mal por dudar que mi obligación como joven es salvar al mundo. Como joven periodista: olvidarme del vicio de los medios, impulsar nuevos espacios, defender mi ética y mis valores hasta el desempleo (ya no el exilio porque no es el caso). Como joven ciudadana: buscar buenos partidos, quien me represente, obligar a los gobernantes a cumplir. Después nos enjaretan nuestras habilidades con la tecnología (y no muchos jóvenes se destacan en ello), nuestra responsabilidad respecto al calentamiento global. ¿La técnica? Cambiar nuestra educación, nuestra ideología porque los adultos ya están grandes y no pueden entender, y ni cambiar, y son necios…

Por un momento me dieron muchas ganas de alzar la mano, con un comentario carcomiendo mi lengua y decirle a la señora, y a todos los que creían y estaban a favor de que los jóvenes debemos salvar al mundo (incluyendo a los que como yo lo creemos y a veces no): No nos echen la culpa. No nos enjareten lo que ustedes no lograron impedir. No nos contagien con sus sueños de adolescentes que no cumplieron. Entonces me di cuenta que no venía al caso. Fue una mera crisis existencial. Nunca alcé la mano, ni emití sonido.

Regresé al debate, volví a asumir mi rol. Hacer mi trabajo bien, intentar cambiar lo que los adultos me han dicho que debo cambiar que ellos no han podido porque tienen hijos, casa, renta, auto, intereses que poco a poco aparecerán en mi vida… y en la de muchos. Y… que muchos anhelan. Me había gustado la película, y como muchas películas de periodistas me inspiró nuevamente.

Me encantaría comentarla, es en blanco y negro… y…. hay que verla. Pero no pude evitar pensar en mi como joven. En la construcción utópica de súper jóvenes emprendedores salvamundos… Dudo que sea la primera vez que hable de esto. Me dejó más dañada de lo que había considerado… seguramente retomaré esto. Ejemplos y toda la cosa…

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