“Pescado muerto” – Acapulco después de la Costera

HAY UN CHISTE de El Costeño que remata algo así: “Allá abajo, mi negra, ¡que te huele a pescado muerto!”.

Allá abajo, huele a miados. Bajo los puentes apesta a miados. Las tiritas de arroyo anémico que llegan a la playa pintan de negro la arena y huele a miados. Los turistas que salen de los cruceros perciben el primer olor de Acapulco, miados. En el centro huele un poco más. En el centro el aroma flota libre de bloqueadores, bronceadores y perfumes.

Donde ya no huele a la anhelada brisa del mar, allá en la Avenida Cuauhtémoc, persiste un olor a muerto. Pescado con chilate. Drenaje nada profundo. Basura que tapa las coladeras de las que cuelgan pelos, papeles mojados, chicles acartonados por un pegamento de polvo y mugre en un engrudo indescifrable y, asomándose poquito, se puede violar la privacidad de cualquier cucaracha exhibicionista.

Atrás de los hoteles y los negocios poco afortunados pasean piernas regordetas, con escotes que nada dejan a la imaginación jalando pequeñas criaturas lánguidas, de cabellos oxigenados. De sus axilas sale el olor del verdadero sudor: el que se hace después de estar en el tráfico bajo un sol que no es de turistas, de caminar cuadras en contra de su voluntad, de calentar las nalgas en el plástico de los urbanos (camiones que se merecen toda un post) o de los asientos de los taxis.

Los pies se llenan de chanclas o callos resistentes que calzan al más valiente, o al más pobre. Cerca de un puente, donde huele a miados, otras regordetas piernas se recargan en una pared. Se quita las chanclas. Se pone unas sandalias con muchas piedritas (de plástico) brillantes. Sube más su falda. Baja más su escote. Su pelo chino erizado por la humedad se aplaca con una pinza dorada. El sol pinta de naranja un cielo sólo para turistas. Sigue oliendo a miados. La cucaracha se asoma. Le habrá visto “allá abajo”.

Un cincuentón con olor a grasa de mecánico se quita la gorra. Escapa su esencia a cebo capilar. No lleva camisa. Su espalda brilla por la transpiración pegajosa. Le susurra algo al oído. “¡No, pues! Soy negra pero no tan puta… tres o nada, mi amor”. Arrastran entre los urbanos parados, sobre la alcantarilla, una caja “de pescado bien muerto”.

Anuncios
  1. 12/01/10

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: