Una ciega concilia el sueño

Me siento. Escribo. Me paro. Leo. Acabé un libro, de leer. Acabé un cuento, de escribir. Quizás el más largo. No, ninguno. El punto es que me siento mal. Que el sueño no llega. Que ya no tengo libro que leer. Ni cuento que terminar. Por eso recuerdo que esta mañana soñé. El ojo irritado. El ojo chillante ante el psiquiatra. El ojo sangrante ante el australiano. El nervio ocular enredado con un pelo. El pelo suavemente corta. Me quedo ciega. Ciega, ni libro ni cuento.

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