Indígenas: ser o no ser

SOY DE ORIGEN ZAPOTECA y cada vez que lo digo tengo que contestar a la pregunta obligada: no, no hablo zapoteco. Después de esa respuesta paso por incómodos minutos para explicar por qué. Aunque, de raíz, la razón siempre es la misma: mi padre no me enseñó/ no me ha enseñado.

Hoy es el Día internacional de las poblaciones indígenas. De nuevo, las estadísticas nos revelan que siguen siendo pobres y hay lenguas en peligro de extinción. Cada vez habemos más generaciones que hablamos español con nuestros abuelos. Mientras ellos nos contestan en la lengua con la que aprendieron a sentir. Porque eso es la lengua materna –cual sea-: con la que se aprende a sentir.

Mi abuelo habla un español atropellado y clásico. Mi abuela, no. Mi abuela lo dice todo en zapoteco y cuando se le habla en español mira con esos ojos grandes –que heredé- con cataratas (una de las principales causas de ceguera en comunidades indígenas) y, delicadamente, dicen: “éste es mi territorio”.

Cuando voy al pueblo en el que vivió mi padre aprendo una o dos palabras. Un par de reglas gramaticales. Y ya. Por ejemplo, la última vez que fui, “descubrí” (digo descubrí porque no sé a ciencia cierta) que las palabras que terminan en “do” son diminutivos. Así, “mujer”-do, significaría “niña”.

Esa última vez tuve una de las conversaciones más bellas de mi vida. Mi tía abuela me contó anécdotas de su infancia mientras cocinaba algo en su casa de adobe, todo en zapoteco. Le entendí. Su gestualidad, la expresión corporal y el canto de la lengua se fusionaron a un nivel poético que lo hizo comprensible y, sobre todo, sensible.

Cuando realmente se habla zapoteco –y quizás cualquier otra lengua-, se tiene que sentir, hay que dejarse llevar por la fusión de las palabras entre ellas y con el cuerpo. Quizás, ahí está uno de los problemas de quienes nacemos en español o en inglés o de quienes llegan a las ciudades: llevar la lengua al cuerpo.

Una vez me preguntaron si mi padre no me había enseñado a hablar zapoteco por vergüenza. Un tanto ofendida aclaré que no. El problema de mi padre es que tiene un vocabulario de un niño de ocho años, cuando salió del pueblo. Él estudió en un internado para niños indígenas, le enseñaron español a la mala y mal. Pero también aprendió un poco de mixe y un par de lenguas de sus compañeros. Y, ahí se dio cuenta de una de las realidades más crueles para su gente: las pocas aspiraciones que le enseñan a tener a alguien como ellos.

Porque los indígenas son distintos ¿o no? Se cuentan aparte, tienen formas distintas de medirse, programas sociales diferentes, viven lejos. Y, aunque suene políticamente incorrecto, tienen la fisonomía del pobre.

A mi padre le vendían pocas opciones: terminar la primaria para ser profesor en su pueblo o ir a Estados Unidos. No hizo lo primero, pero algunos sí y fueron respetados en su comunidad. Tampoco lo segundo, pero algunos sí y ahora tiene amigos de la infancia que hablan alguna lengua indígena e inglés y son “americanos”. Mi padre se inventó una tercera; tiene posgrados y le va muy bien en la vida. Tanto, ¡que no cabe en el estereotipo de indígena!

Hubo una ocasión que platiqué a un profesor de Literatura latinoamericana algunos destellos que tuve del zapoteco. Que mi padre era zapoteca. Un par de clases después, no recuerdo el tema del día, él llamó mi atención con una pregunta. Leía algo. “Naiden, ¿no? Así se dice en zapoteco, ¿verdad Laura?”. Basta decir que me ofendí mucho y que siempre me arrepentiré de no haberme levantado para defender mi origen de una burla tan prejuiciosa.

Si yo viví eso en la universidad por un académico de la lengua, ¿qué no vive la gente que llega de un pueblo? Es lo mismo que cualquier extranjero intentando hablar español, una lengua en la que no nació. El acento de los indígenas les gana más prejuicios de los que quisieran enfrentar para estar dentro de los círculos sociales de mestizos permanentes que son los mexicanos. Esos mestizos que ven con desdén su origen lejano. Esos mestizos a los que yo ya pertenezco.

¿Por qué criticar al que niega sus raíces si, cuando las dice, se convierte en víctima de desprecio, en otra clase, en un ser distinto?

Me gustaría decir que lo indígena es más que rasgos físicos peculiares y casitas de adobe. Que en las ciudades, es más que la mujer que limpia la casa o las obras negras de las zonas marginales. Pero, probablemente es lo que queda. La mayoría de los pueblos son espacios deforestados consumidos por la pobreza y el rechazo. Con malos sistemas de agricultura, dependientes de remesas o de capos.

Lo indígena no son bordados de colores y grecas prehispánicas con gente bailando en taparrabos. No es la postal de Teotihuacan o Monte Albán. Últimamente lo indígena es lo que el turismo ha dicho que es: muñequitas de trapo, artesanías, piedras del Sol en cuanto material se les ocurra, pulseritas de hilo. ¿Son esas las costumbres que pedimos que preserven? ¿O son las de vivir en la pobreza? ¿La de comer tortilla con frijol todos los días? ¿La de permanecer en pueblos olvidados? ¿La de seguir construyendo casas de tierra y palma? Porque eso también ya se hizo costumbre.

Soy de origen zapoteca, pero soy mestiza. No hablo la lengua. Conozco personas que hablan zapoteco e inglés sin una pizca de español. Mi palabra favorita es sheiviú (“luna quemada” o “eclipse”, para quien no entienda el verso). Y, para mí, lo indígena es una forma de sentir, miren esos ojos… vean esas sonrisas y sientan, no juzguen.

Anuncios
  1. ¡Excelente entrada! Son de esas sensibilidades de tu idioma que amo.

    • J.D.
    • 9/08/11

    Me parece curioso el orgullo que podemos mostrar de nuestras raíces mexicanas, de ser auténticos Aztecas, Mayas, Olmecas, etc., pero no podemos dejar pasar el momento de discriminarlos. Estoy de acuerdo con tu post, pero el tema del indigenismo, como muchas otros puntos de fondo en México, no pueden ser resueltos por la voluntad propia de una población falta de sentido común….

    • nagato-kun
    • 19/10/12

    muy bonito, yo soy de juchitan, no hablo el zapoteco, mi papa un poco y mis abuelas si lo hablan pero igual el español, asi que no le tengo tan cerca para aprenderlo, en mi caso no me han dicho cosas asi como para burlarse, se han referido mas al estado de oax, en gral., pero bueno, orgulloso con esa sangre zapoteca que corre en nosotros linda

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: