Tembló y nadie me invitó a la fiesta

HAY ALERTA SÍSMICA, dijo uno de los actualizadores de la redacción y siguió trabajando. Mi compañero de escritorio dijo “está temblando”. El community manager fue el primero en salir de la oficina. Apenas vi que se movían los monitores de mi escritorio.

En el punto de reunión, ya había muchos mirando al cielo. Con los ojos grandes, expectantes. Las piernas ligeramente abiertas, entre que guardaban el equilibrio y hacían tierra, comprobaban que la tierra se estuviera moviendo. Una señora salió colgando de los brazos de sus compañeros, la punta de sus zapatos se arrastraron todo el camino.

Twitter me lo dejaba claro: “Tiembla”. “Temblor”. “Está temblando”. “Terrrrrreeeemeoooootttto!!!!!” “Tiemblaaaaa!!!” “Fuerte temblor en el df”. “Puto el que lo lea”. “Se registra fuerte sismo en la capital”.

Es un hecho, estaba temblando. Twitter no podía estar tan equivocado.

Regresamos a la redacción… ¿manitas, para qué las quiero? ¡A trabajar! Ya estaba el primer enlace en CNN. Twitter no se calmaba. La gente no quería entrar a sus oficinas. Muchos estaban muy asustados. #dondeteagarróeltemblor. Primer reporte de la USGS: 7.9…¿En serio? ¿7.9? ¿Más fuerte que el de diciembre donde hubo cosas que se cayeron en mi casa? ¿Casi tan fuerte como eldelochentaycinco?

No, no lo podía creer.

Seguimos. Fotos por un lado. Galerías, reportes ciudadanos, alertas sismológicas, descartar tsunami pero el USGS no se arrepentía de sus 7 grados Richter. Al tiempo me fui convenciendo de que fue un temblor muy muy fuerte. Tanto que casi me asusto. Ya pensaba en lo que contaría a mis nietos. El puente que cayó sobre el microbús (¡y nadie murió!). Las vías chuecas. La Roma, La Condesa y sus frágiles edificios y balcones. Apagones. Redes telefónicas caídas.

Pero…

Un momento.

Tendría que decirle a mis nietos la verdad: Yo NO sentí el temblor.

Creí que se puede vivir tranquilamente sin haber sentido el temblor. Pero, al paso del día, me quedó claro de que no. Es una experiencia única. Parte de la memoria colectiva. Fue tan fuerte que ingresó inmediatamente a los registros históricos.

A todos lados donde iba la gente hablaba. #DondeTeAgarróElTemblor. Que el piso se movió, que se levantó la acera, que las macetas estaban golpeando el techo, que regresaron por su computadora, etc, etc, etc.

¿Y yo?

Oh, pues yo trabajaba, Le informaba a la gente qué fue lo que todos sintieron menos yo. Cómo estuvo la fiesta a la que todos fueron, menos yo.

Yo no sentí miedo, no tuve nunca la sensación de mareo, no se jaló mi piso, ni “sentí que el eje de la Tierra se perdía”, como dijo un conductor.

Tuve un día normal. Vi a mi novio, anduve por el metro, pasé por Periférico y vi el último capítulo de  The Walking Dead, sin resaca alguna.

No haber sentido el temblor es como no haber ido a la fiesta a la que fue toda mi generación. Es escuchar historias de complicidad de las que no tendré recuerdo más que la apropiación de las notas que hicimos en la redacción… 

Que, por cierto, qué bonita cobertura hicimos, ¿no? 

Anuncios
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: