Tasa de homicidios en México aumenta en 2011

 

De acuerdo con cifras previas del INEGI, publicadas este mes, la tasa de homicidios aumentó de 23 a 24 por cada 100,000 habitantes de 2010 a 2011. En total se registraron 27,199 homicidios el año pasado. Chihuahua, Sinaloa y Guerrero son los estados con mayor tasa de homicidios. Mientras que Yucatan, Chiapas, Baja California Sur, Campeche y Querétaro comparten los tres lugares más bajos.

INFOGRAFÍA INTERACTIVA

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Los gatos de Cuba no tienen miedo

EN CUBA LOS GATOS NO SIENTEN MIEDO. Tampoco los perros, ni las aves. Mucho menos se tienen miedo entre ellos. Los animales –que no son muchos—no le tienen miedo a nadie.

Tardas en notarlo, puede que dejes la isla y nunca lo notes. Si eres del tipo de personas que siempre anda con la cara en alto, erguido y viendo el horizonte seguro nunca lo notarás. Los animales andan en el suelo, allá en la sombra de nuestras rodillas. Vale la pena agacharse, encorvarse y bajar la mirada para verlos de frente.

Caminábamos de noche, cerca del callejón de Amargura. El andador estaba mudo. No era muy tarde pero la música ya había terminado. La luz de las lámparas pintaba el andador con un tono verde amarillento un tanto lúgubre. En las sombras se distinguían dos gatitos: uno blanco y el otro negro.

Uno jugaba con un insecto y el otro se nos acercó sin que lo llamáramos. Di una pisada fuerte en el suelo y los gatitos corrieron… hacia nosotras. Con esa extraña reacción nos dimos cuenta que ningún animal que habíamos visto había huido. Sí, son pocos animales los que se pueden encontrar, pero esos pocos son respetados. No es que los gatos cubanos sean más valientes, sólo no hay quien les haga daño.

Karina y Leo, un par de cubanos que se hicieron nuestros amigos, estaban sorprendidos cuando les dijimos que en México todos los animales huyen de uno, especialmente los callejeros. Los gatos tienen desconfianza y los perros son temerosos de cualquier movimiento brusco que hagamos.

“Aquí no, si vemos que los niños están molestando a un animal los regañamos”. Karina y Leo no se explicaban por qué había quienes maltrataban a los animales por gusto. Entienden que se matan para comer, pero antes no deben sufrir.
No pude evitar citar a Mahatma Gandhi que dice, parafraseando, que una civilización puede juzgarse por cómo tratan a sus animales. Ellos estuvieron de acuerdo.

Para Karina y Leo, era muy raro ver a alguien maltratando a un animal en las calles de La Habana y era aún más raro que nadie interviniera para defenderlo. “Normalmente son niños”.

Esa tarde nos hicieron reflexionar sobre la inseguridad en México, que quizás sería buena idea empezar a combatirla dando un espacio a los animales. Nos dejaron bien claro que un asesinato es imperdonable y que golpear y violar a una mujer, no era una ofensa individual sino social y muy castigada. Es más, el asesinato de un violador -aunque debía ser castigado- era tolerable.

Nos hablaron de un linchamiento a un violador. Entre vecinos, el hombre fue severamente agredido. No entendí nunca si el delincuente había muerto, pero los vecinos no le perdonaron la violación de una niña.

El ambiente se tensó demasiado. Nosotras hablábamos sobre las balaceras, los asaltos, la delincuencia. Ellos sólo podían hablar de robos muy discretos, nada de violencia. La absoluta seguridad de las calles habaneras que dejan vagar a los gatos sin miedo. Entonces el gato de su vecina se subió al sillón, pidió comida y se acurrucó, contagiando la confianza única con la que se puede caminar en La Habana, la Vieja.

A lo largo del viaje sólo nos quedó confirmar nuestra hipótesis. Había perros en el hotel que esperaban tranquilos en las salidas de los restaurantes y corrían en las playas caribeñas. Las lagartijas costeñas (conocidas como “perritos de mar”) se escondían un poco más, pero descaradamente tomaban el sol con el resto. Ah, claro, los mosquitos también andan campantes por toda Cuba…

Los papás de los 132…

¿LES DAN PERMISO? Tenía una duda genuina. Muchos de ellos aún no trabajan, me preguntaba si los miembros de #YoSoy132 le pedían a sus padres: “papá, me das dinero para unas pancartas”, “mami, me puedes llevar a la asamblea”, “me prestas el carro para llevar a unos amigos a las islas?”…

Así que se me ocurrió llamarles. Saber de dónde les nació la cosquilla a los 132 para manifestarse. Algunos, claramente no están muy felices con que sus hijos estén involucrados… y, obvio, esos no quisieron hablar conmigo.

AQUÍ lo que me contaron algunos.

La envidia o #YoSoy132 vista desde lejos en la misma generación

Marcha antipeña

Foto: Laura Yaniz

HAY UN GRUPO de jóvenes que le está escribiendo un capítulo más a la historia de México, y un apartado enorme y digno de estudio a las elecciones presidenciales de 2012. Son los 132…. que son un chiiiingo…

Y sí, ese grupo me da una especie de nostalgia y envidia de la grande.

Su aparición fue una escalada de “lo conozco”, “estudié con él”, “iba en la escuela”, “es amigo de una amiga”, “fue novia de un amigo”, “creo que lo he visto”, “se parece a un tipo que estaba en una fiesta”… etcétera.

Con todas esas señales, no tardé en caer en la cuenta: ¡Es mi generación la que está marchando, la que se hizo TT, y la que incomoda a los candidatos presidenciales! Y así como les pregunté a mis padres qué hacían en el 68, mis hijos me preguntarán qué hacía en el 2012. Justo ahí es donde se quiebra la historia.

¡ZAAAAZ! Tendré que contarles que no, no fui amenazada, no grité en Las Islas de CU, no me asoleé insoportablemente en el Ángel (aunque tomé fotos), no me declaré anti ni pro nada, y no, tampoco moderé un debate. Quizás, en eso último termine diciendo “pero un amigo sí”.

Éste puede que sea mi primer golpe emopsicoprofesional, porque aún no sé cómo sentirme. Pues no he estado ahí, no me he hecho amiga de nadie más, pero los sigo de lejos, como espectadora, como lo que escogí ser, ¿no? Soy periodista y de eso se trata, ¿no?

Estoy casadísima con la objetividad. Sospecho de aquel periodista que abiertamente se declara a favor de un algo, ferviente creyente de otro y se ciegue ante su negatividad contra algo. Entonces, más allá de todo contrato firmado, y de códigos de conducta de la empresa, simplemente no he opinado. Y, personalmente soy muy apartidista, masomenos como lo ateísta que soy. Pero, confieso, me provoca una emoción arrasante,  que me colma toda cuando veo a tantos de mi generación con ese nivel de convocatoria.

Mi pensamiento es claro: “Quiero estar ahí”. Y hubiera estado si hubiese sucedido hace dos años o que no hubiera adelantado años en la escuela. Pero, otro pensamiento me detiene y me dice: “Deja de soñar, estás ahí”.

Cierto. Como tomando mi papel en el mundo de los grandes eso es lo que está sucediendo. Los futuros más próximos somos nosotros (ya estamos a nada), yo como periodista y ellos como líderes –con seguidores y opositores incluidos. Desde que nació le he dado seguimiento, en redes y publicando notas para explicar qué sucede, conociéndolos a todos aunque no me conozcan a mí.

Probablemente un día alguien de ahí salte a ligas mayores y yo sólo diga como contexto: “lo conozco, de joven estuvo en el 132”.

Alfombras voladoras, aguas amarillas, un Papa y mis chichis– Mi primer Vive Latino

SÍ, FUE MI PRIMER VIVE LATINO y no, no mostré chichis a la banda pero sí moví el coolo. Ya sé, a mis 23 años, no haber ido a un Vive era como no haber hecho la primera comunión en mi rockera juventud. Pero así son las cosas, me da pena confesarlo, pero en 13 ediciones me había perdido 12. Primero, porque era muy joven; luego, porque la abuela estaba enferma; porque mis padres no me dejaban; y así sucesivamente, hasta que llegué a la parte en que no tienes dinero, tienes que trabajar en fin de semana o porque iba un ex que no quería encontrar.

Pero este año los planetas se alinearon y aún con todo y visita del Papa logré poner un pie en el Foro Sol y sus canchas y su polvo y sobre los pies de sus asistentes y esos líquidos extraños cuyo origen prefiero desconocer.

Con una tropezada llegada –gracias a Benedicto que llegó a México antes de la hora programada, el horroroso tráfico de Constituyentes en viernes, el lento Metrobús y los exorbitantes precios de estacionamiento-mi cuerpecito desvelado respiró el humo espeso y apestoso de algo que se quemaba (no supe qué) y cubría las cabecitas frescas de todos los que atravesábamos las rejas verdes de Ocesa para comenzar el maratón de conciertos.

Que sea mi primer Vive no quiere decir que no haya estado antes en un concierto masivo. Iba completamente preparada para algo que me habían vendido como “mortal”.

Normalmente no se necesita más que esos jeans cómodos, preferiblemente sin cinturón (aunque yo siempre llevo), una playera que muestre tu personalidad pero no te duela romper y una sudadera, bien amarrada para que llegue a la noche.

Pero, como sería algo con más demanda física, conseguí una muslera (esas prácticas mochilas que se ajustan de la cadera y la pierna y deja las manos libres sin atorarse con nada) con muchas bolsitas para una nena como yo. Dinero. Bálsamo de labios. Gotas para lubricar lentes de contacto. Boleto. IFE (para identificar el cadáver). Celular. Papel de baño (por eso lo nena). Más tarde me encargarían los cigarros, el encendedor, una toalla sanitaria y basura.

El primer día lo erré usando Converse, pero me rehusé a llevar mis feas botas a la oficina. Para sábado y domingo, ante el horroroso y anciano dolor de tobillos (que aún tengo), las botas fueron al Vive –y a la Redacción.

Por supuesto, algo que no puede fallar: si tienen un amigo médico, llévenlo. Yo llevaba dos, por si las moscas.

Y vuelas liiiiiibre, a donde tu mente lo pideeeeee, fue lo primero que escuché. Inmediatamente me deshice de la sudadera y comencé a mover los pies de punta en punta, sin brincar y un poco mareada. Había cometido mi primer error: fui sin comer. Unas horas antes, ingerí un insípido y pegajoso intento de sushi que seguramente quemé al bajar corriendo por Constituyentes.

Primer desembolso: un hot-dog de 45 pesos que desaparecí en mi boca en tres mordidas y una cerveza de 70 pesos. Lo que quedó de DLD por supuesto se perdió en el mal sabor de la cebolla y la mostaza.

El primer día lo sobreviví sin más. Algo fresa. Supongo que eso pasa cuando se te hace tarde y sólo ves a TV on the Radio, Zoé y Bunbury y olvidas por completo a Catupecu Machu y Disidente.

Podría decir que sólo hubo un pequeño percance: descubrí los baños [añada un grito de terror]. Un semicírculo de cajitas de plástico azul altas rodeaban lo que parecía el túnel que lleva al lugar donde secuestran a los personajes de la película de Saw. Un mosaico verde, húmedo por esos extraños líquidos dorados-naranjas que escurrían de las bases negras de esas olorosas cajas y se esparcían con la suela de los zapatos. No bastaba con que el lugar sudara los escatológicos residuos, las chicas se amontonaban –y también sudaban, y bailaban, y gritaban- en el espacio central en filas inexistentes cuyo destino incierto descubrían después de varios minutos de estar formadas.

No cabe duda que la violencia femenina es peculiar. Hay un dejo de violencia mal canalizada que termina en agresiones salvajes. Y algo así sucedió. Mientras me formaba en una pequeña fila perdida en el montón de gente, con sólo tres chicas esperando, al fondo un grupo de chavas organizaban su próximo ataque. Entre unas seis comenzaron a gritar a la que continuaba dentro y a empujar el apestoso y frágil cubo de baño.

No sé qué pasó. Entré a mi respectivo cubo. Tomé mucho aire y aceleré el proceso. En ese momento sentí que no se me antojaría ninguna cerveza más.

Quizás el siguiente percance, fue que despertar a las 04:30 comenzaba a generar estragos. Cuando don-sexy-Bunbury deleitaba con la peculiar cadencia de un showman a mis amigas, yo comencé a cabecear. Sí. Cabeceé. Por primera vez en mi vida logré dormir con los ojos abiertos. Estoy segura que soñé. Bunbury no estaba ahí, en mis sueños, cuando lo tenía enfrente. Había muy pocos apretones. Pero MUY pocos. Estábamos cerca del escenario y la valla central. Noté lo del sueño porque, al no haber soporte humano, en un cabeceo golpeé a la chica de enfrente.

Dormimos pasadas las 02:00 o 03:00… y despertamos a las 07:00…

La teoría estipulaba que llegaríamos antes de las 15:00, conseguiríamos estacionamiento, habríamos comido pizza en casa de una amiga pero no. Llegué tarde. Nadie pidió la pizza. Pagamos 150 pesos de estacionamiento. Y vivimos el miedito de ser aplastadas por un portazo.

En una de las entradas, la gente comenzó a echar bronca los policías (“puercos”, decían). Algunos comenzaron a correr, uno de ellos llegó hasta la fila donde estábamos. Entre unos seis lo agarraron. Luego, otro chico también salió corriendo, una chica intervino y él pudo mostrar su boleto. Pero la cosa no terminó ahí. Nosotros estábamos en la fila lateral del fondo, cerca del muro. Comenzaron a acelerar el acceso. Muy cerca, a unas tres personas, había un grupo de chicas en vestidito y botas. Las cosas se complicaban en el otro acceso. Comenzaron los empujones de nuestro lado. Logramos pasar, creo que sólo vieron mi boleto y ya. No nos catearon ni nada.

Apenas pasamos y los empujones fueron más fuertes, los del otro acceso habían logrado saltar a los granaderos y se metían a la fuerza en nuestro acceso. Corriendo con golpes fortísimos al pavimento, empujaron a todos, incluyendo a las chicas de vestido. Cayeron varios. Pero una de las chicas, de vestido crema de holanes, botas con tacón bajo y bolsita salió volando unos metros, cayó y derrapó un par de metros más. Todo enfrente de nosotros que esperábamos a un amigo que había quedado entre los empujones. Durante ese momento no quisimos ser ella, no quisimos tener sus rodillas.

Por mucho, la gente del sábado era otra. Había más banda –se notó con el portazo. Surfeamos un poco Lost Acapulco y nos metimos entre la gente a bailar. Bailar. Bailar. Y Bailar. Con los Caligaris busqué hacer lo que no había hecho nunca: ¡volar!

Atravesamos los tumultos para localizar la alfombra voladora más adecuada. Escogimos una enorme y gruesa alfombra negra con colillas de cigarro pegadas, manchas de cerveza, pelusas, tierra, pasto, mota, y algunas otras partículas aún no descubiertas. Había demasiados chicos.

Fue difícil conseguir subirnos, pero lo logramos y, definitivamente, fue divertido. No volé demasiado. No hice acrobacia alguna, pero pude hacer check a la lista de experiencias típicas del Vive –tuve que hacer check al portazo. Digo, no hace falta el que hace marometas, la que no cae bien, la que se cae en su trasero y, peor, quienes caen en su cabeza. Pues, conseguir la alfombra es sólo el primer paso de volar. Hay que saber controlar el punto de gravedad, reconocer el momento exacto para generar tensión en la alfombra, aprender a tomar impulso con la tensión y, luego, verificar que tu cabeza no sea la primera en caer, por eso de que a veces la bajan de más y tu cuerpo cae todo directito el suelo. Todo eso con mi natural temor a ser abandonada en caso de que hubiese una muy muy buena canción/interpretación. Pero no, no hubo lesión alguna.

Me uní a la demandante felicidad de la víbora para bailar todo lo que el Instituto Mexicano del Sonido tocara. TODO. En el camino me encontré a algunos varios conocidos, apenas me detuve y me dejé llevar por el ritmo y la viborita que le dio varias vueltas a la sección del Foro.

Salimos de ahí y nos mudamos -por fin- de carpa. Escuchamos a Haragán y mi cuerpo se las comenzó a cobrar. Empecé a sentir un sueño y cansancio malditos. Sólo aventaba la cabeza de un lado a otro sin hacer mucho esfuerzo. Haragán pasó casi desapercibido por mí. Y mi cansancio fue peor, noté lo ancianos que estábamos. Hace cinco años no habríamos notado molestia alguna.

Foster the People y Kasabian pasaron como arrullos de cuna. En algún momento me quedé dormida en la panza de una amiga. ¿Cómo rayos uno se queda dormido? Pensé que era la única. Sabía que si no tomaba acción rápido, el sueño me invadiría y Café Tacvba tampoco serían percibidos. En la búsqueda de café, me tranquilicé. Había tantos cuerpos tirados cubiertos de sueño, sin importarles el viento, que no sentí culpa alguna. Es más, me reconforté. Quizás tenía que hacer check a “dormir en el piso del Foro Sol”. Jazztec le dio buen toque a mi café, además de un chico guapo sentado frente a nosotros.

Y entonces, bajo el efecto del café y después de discutir si quedarnos o no en un lugar con espacio para bailar, comenzó Cafeta… con una gran sorpresa: justo enfrente de nosotros.

Decidieron abrir con la misma setlist que en Tajín, eso nos dijo el novio de una amiga de una amiga que, por lo visto, se hizo amigo. Pese al mal sonido y una especie de capella –porque ellos no cantaban, sino el público- mi sueño desapareció en una última pestañada.

No vi bien la hora a la que llegamos a casa, pero seguro dormimos después de las 2:00. En cuatro días no habré dormido más de 18 horas.

Domingo. Último día. Y no logré llegar desde el principio. Mi plan arrancaba con Paté de Fuá, pero apenas escuché las últimas canciones de Hello Seahorse! A última hora tuve que cubrir la misa de Benedicto. Desperté temprano y eso me condenó al sueño más extremo cuando terminé con Antidoping pasada la medianoche.

Todo el estrés laboral se esfumó con la voz de Lo Blondo. Y se curó bailando con Gogol Bordello. Con el solazo encima, el ambiente se parecía más a lo que yo concebía como ese tradicional y sudoroso Vive Latino. Y todo se constató cuando aparecieron unas alfombras voladoras.

Apuntadísima para volar, un chico me jaló para subirme pero una chica me ganó. Esperé el siguiente turno y entonces quedé impactadísima por el costo de volar: CHICHIS PA’LA BANDA!!

¡¿Qué?! Por un momento pensé que era la proclama común que hacen a cualquiera que se trepa a los hombros de un amigo. Ella decidirá si lo hace o no. No les hice caso. Me puse cómoda, en el centro de la alfombra, y… pues, a volar, ¿no? No. No brincas si no hay chichis. ¿Qué? ¿En serio? Les dije que después (Ajásíclaro). Que no. Un chico me jaló de la mano y de la blusa. Ok. Parece que las cosas iban en serio. Mis chichis por volar. No me nació. Simplemente, más allá que sea o no “representante de los medios”, no me nació. Alguien me aventó una cerveza por la espalda que logré esquivar, porque no hubo chichis.

Cuando permanecía sentada vi cómo todos los hombres me hacían sentir en un agujero completamente acosada –la alfombra negra con la perspectiva de sus brazos sosteniéndola, daba esa impresión. Sólo entonces noté que no había mujeres sosteniendo la alfombra. Jamás había sentido eso. La primera palabra que pasó por mi mente fue: prostitución.

La situación era muy distinta a la libertad de las chichis que se ven en las pantallas. Quien las muestra lo hace por gusto, porque es divertido, porque es rebelde, porque parece gracioso. No porque tenga que pagar la “cuota” de volar. Así que, ante mi negativa, dos chavos me jalaron sin antes querer hacer su último intento suplicándome. Juntaban sus manos y decían “ándale amiga, ponnos felices, no’más unas chichitas”. No pude. Salí de ahí enojadísima. Con ganas de golpear a cada uno de ellos. No duró mucho esa alfombra, pero sí hubo chicas que pagaron con sus chichis.

Tras el incómodo incidente, varias se alejaron y seguimos bailando. Descubrí el maravilloso truco de cerrar los ojos y dejarse caer en el viaje. Así terminamos con Gogol Bordello e Illya Kuryaki and The Valderramas.

Al terminar había dos cosas urgentes por hacer: ir al baño y conseguir comida. Por suerte, para la primera, hubo una gran solución. Descubrimos los baños fijos bajo las gradas del Foro. Limpios, vacíos, con agua corriente y papel. ¡El paraíso! Sólo tuve que pasar por esos feos cubos dos veces. Todas las demás, en baños reales.

Tras devorar dos empanadas nos quedamos tiradas escuchando a Pedro Piedra, cuando llegó Gustavo.

Gustavo, con mucho alcohol dentro, nos preguntó si don Pedro Piedra ya había cantado Las niñas quieren. Sí, ya lo había hecho. Lo leí en Twitter (en los escasos minutos que hubo red), porque tampoco alcanzamos a escucharlo. Estaba muy feliz. Tanto, que creo que no se dio cuenta de que no nos conocía. Resulta que Gus había estado tomando con los de Kinky y Austin TV. ¿Nada mal, eh? Lo mejor era que no supo cómo llegó ahí. Pero nos mostró fotos y todo. Tuvimos que despedirnos de Gustavo, habíamos quedado de ver a unos amigos antes de Molotov.

Pasamos mucho tiempo junto a los apestosos baños de mujeres. El amigo nunca llegó. No podíamos movernos de ahí cuando terminó Madness. Yo ya me imaginaba otro Loveparade. Los túneles de salida estaban repletos, nadie podía moverse. Literal, desbordaba gente que caía de las escaleras.

Escuchamos Molotov de lejos. No me prendió, la verdad. Más allá de Puto, la combinación de canciones no me hizo bailar mucho. En cuanto terminó regresamos al verdadero punto de reunión. Tuve que elegir: Fatboy Slim o Antidoping. Yo quería elegir: cama, camita, colchón, sillón, pasto, carro, banqueta… un espacio seguro para dormir.

Fui con Antidoping, escarbé para encontrar mis últimos restos de energía. Cerré los ojos y me dejé llevar. Fatboy terminó y Antidoping seguía y seguía… no sé cuándo terminaron, pero tuvimos que dejar la carpa Danup para poder llegar a los respectivos hogares.

La pista del Foro fue más infinita de lo que había sentido las noches anteriores. Llevaba una planta en mi vaso coleccionable. Mis amigos todavía bebieron un poco y salimos del Foro, esta vez… ¡habían conseguido estacionamiento!

Eran las 02:37 cuando vi por última vez el reloj. Eran las 04:30 cuando sonó y tuve que regresar a la oficina para despedirme del Papa

¿Volvería a ir? Claro. Aunque quizás, piense en ir un poco más fashion no fue tan mortal… Y lo de las chichis no entra en discusión.

Tembló y nadie me invitó a la fiesta

HAY ALERTA SÍSMICA, dijo uno de los actualizadores de la redacción y siguió trabajando. Mi compañero de escritorio dijo “está temblando”. El community manager fue el primero en salir de la oficina. Apenas vi que se movían los monitores de mi escritorio.

En el punto de reunión, ya había muchos mirando al cielo. Con los ojos grandes, expectantes. Las piernas ligeramente abiertas, entre que guardaban el equilibrio y hacían tierra, comprobaban que la tierra se estuviera moviendo. Una señora salió colgando de los brazos de sus compañeros, la punta de sus zapatos se arrastraron todo el camino.

Twitter me lo dejaba claro: “Tiembla”. “Temblor”. “Está temblando”. “Terrrrrreeeemeoooootttto!!!!!” “Tiemblaaaaa!!!” “Fuerte temblor en el df”. “Puto el que lo lea”. “Se registra fuerte sismo en la capital”.

Es un hecho, estaba temblando. Twitter no podía estar tan equivocado.

Regresamos a la redacción… ¿manitas, para qué las quiero? ¡A trabajar! Ya estaba el primer enlace en CNN. Twitter no se calmaba. La gente no quería entrar a sus oficinas. Muchos estaban muy asustados. #dondeteagarróeltemblor. Primer reporte de la USGS: 7.9…¿En serio? ¿7.9? ¿Más fuerte que el de diciembre donde hubo cosas que se cayeron en mi casa? ¿Casi tan fuerte como eldelochentaycinco?

No, no lo podía creer.

Seguimos. Fotos por un lado. Galerías, reportes ciudadanos, alertas sismológicas, descartar tsunami pero el USGS no se arrepentía de sus 7 grados Richter. Al tiempo me fui convenciendo de que fue un temblor muy muy fuerte. Tanto que casi me asusto. Ya pensaba en lo que contaría a mis nietos. El puente que cayó sobre el microbús (¡y nadie murió!). Las vías chuecas. La Roma, La Condesa y sus frágiles edificios y balcones. Apagones. Redes telefónicas caídas.

Pero…

Un momento.

Tendría que decirle a mis nietos la verdad: Yo NO sentí el temblor.

Creí que se puede vivir tranquilamente sin haber sentido el temblor. Pero, al paso del día, me quedó claro de que no. Es una experiencia única. Parte de la memoria colectiva. Fue tan fuerte que ingresó inmediatamente a los registros históricos.

A todos lados donde iba la gente hablaba. #DondeTeAgarróElTemblor. Que el piso se movió, que se levantó la acera, que las macetas estaban golpeando el techo, que regresaron por su computadora, etc, etc, etc.

¿Y yo?

Oh, pues yo trabajaba, Le informaba a la gente qué fue lo que todos sintieron menos yo. Cómo estuvo la fiesta a la que todos fueron, menos yo.

Yo no sentí miedo, no tuve nunca la sensación de mareo, no se jaló mi piso, ni “sentí que el eje de la Tierra se perdía”, como dijo un conductor.

Tuve un día normal. Vi a mi novio, anduve por el metro, pasé por Periférico y vi el último capítulo de  The Walking Dead, sin resaca alguna.

No haber sentido el temblor es como no haber ido a la fiesta a la que fue toda mi generación. Es escuchar historias de complicidad de las que no tendré recuerdo más que la apropiación de las notas que hicimos en la redacción… 

Que, por cierto, qué bonita cobertura hicimos, ¿no? 

Redes sociales: por forma, por uso y por intereses / ¿Qué hacer con tantas redes?

FACEBOOK CAMBIÓ… NUEVAMENTE. Google+ desechó las invitaciones y fue abierto al público el día anterior. Poco más de un mes antes creé una cuenta especializada en Twitter y conocí GetGlue. Intenté regresar a Flickr, me negué a crear una cuenta en YouTube, recordé que tengo abandonado a LinkedIn, me desagradó la última actualización de Instagram, recordé que tengo Ping, Lastfm, Tumblr y seguramente alguna otra red social que no me ha impactado lo suficiente para ganarse un espacio en esta agobiante lista.

Antes de que Facebook y Google+, quienes se encuentran en una reñida competencia por ganar (arrebatarse) adeptos, anunciaran sus últimos cambios la semana pasada, pensé en escribir sobre esa especie de rumor (bastante comprobada) de que Google+ fue una moda que todo mundo olvidó rápido porque no encontró lo nuevo, lo diferente, lo útil.  Hasta su CEO.

El Daily Mail descubrió que Larry Page llevaba un mes sin publicar algo en Google+ y yo descubrí que muchas de las personas que sigo ni siquiera han actualizado su perfil. Es más, me he encontrado con mensajes y posts perdidos como “hay alguien aquí?”, “todavía puedo publicar algo para que lo lean?”, etc.  Claro, todo ello antes de que las invitaciones fueran públicas y ahora haya una nueva ola de gente que entra a ese lugar exclusivo del que todo mundo habló…  Puede ser una segunda oportunidad para Google.

Todavía desconozco algunos de los nuevos cambios de Facebook, me desagrada un poco que sea tan complicado leer todo como un feed cronológico y que por default piense en mis prioridades, dado que en mi trabajo debo monitorear redes, un feed en tiempo real y sin prioridades tiende a servirme mucho mejor.

Y ya que por mis necesidades laborales (y las naturales y humanas de relacionarme) he identificado algunas formas de utilizar ciertas redes sociales por sus características. Claro, Google+ es como Facebook, pero sin serlo. Twitter rebasa por mucho el flujo de información e Instagram es mi adicción. Entonces, ¿qué hacer con tantas redes sociales?

Twitter
Por mucho, mi favorita. Pero también me he llevado algunas lecciones. El 15 de septiembre me convertí en trending (fama de una hora y media) de acuerdo a Trendsmap. Utilicé el hashtag #201razones, la cuenta de @CNNMex retuiteó varios de mis posts y gané unos 30 a 50 seguidores. Antes de eso, he notado que los pierdo  si posteo más de una situación personal y/o lo mucho que amo a mi novio. Porque, a final de cuentas, me vendo como una periodista y mi vida personal, les importa un bledo.

  • Twitter es una excelente fuente de información especializada
  • Los perfiles son atractivos para unos y no para otros
  • No te sientas ofendido si tus amigos dejan de seguirte, simplemente no les interesa tus intereses
  • Crea un círculo de información (a veces viciado) que tiende a la retroalimentación
  • Se ha convertido en una especie de ‘pulso social’ (sin sobredimensionar, por favor)
  • Vale la pena crear cuentas especializadas, en mi caso creé @BuenasNewsMx y ha tenido una excelente respuesta

Facebook
Aquí sí puedo escribir sobre lo mucho que amo a mi novio. Pero, de todos modos, he recibido confesiones de amigos que me bloquearon por a) exceso de amor a mi novio y b) el exceso de publicaciones periodísticas sobre seguridad, ambiente, medios y sociedad, ya que se les hacen demasiado “serias y aburridas”. Sin embargo, mi perro continúa siendo muy popular entre mis amigos.

¿Qué sucede? Facebook es para distraerse, en realidad la banalidad reina en ese mundo. Conozco la vida entera de ciertas personas -apreciadas, sí, pero no íntimas- por el exceso de publicaciones que hacen. Pero con el tiempo y la aparición de botones para compartir y likear todo, Facebook se atascó.  Quizás por eso pensé que Google+ era un oasis.

  • Facebook es una red íntima y da prioridad a las banalidades de la vida (con sus acertadas excepciones)
  • Publica en Facebook sólo lo que quieres que conozcan de ti (recuerda ser precavido con reglas de seguridad personal)
  • Acepta a personas que realmente conozcas
  • Tampoco te ofendas si bloquean tus publicaciones (si te borran como amigo, es otro tema)
  • Respeta el espacio de los demás (no satures con comentarios, especialmente los de exceso de odio y exceso de amor)
  • Facebook es una excelente plataforma para compartir, aunque no todos gusten de lo mismo
  • Y si sólo quieres publicar links, existen otras redes u opciones, como hacer una página personal para que la gente interesada en tus recomendaciones pero no en tu vida te siga o crear una cuenta en Tumblr

Google+
¿Habrá alguien que ya haya podido definir su verdadera utilidad? Personalmente, lo veo como un GoogleReader gráfico. Tiene una linda opción para ver qué información has compartido en una lista, algo que se pierde fácilmente en Facebook. Definitivamente, no me parece una plataforma de “amigos”. Es como un lugar especializado y suficientemente abierto donde se puede profundizar más que los 140 caracteres de Twitter. Entre las pocas personas que sigo y publican, hay un agradable geek que comenta y trae lo último en tecnología.  Hay periodistas que vieron en Google+ una opción alternativa a Facebook y Twitter.

  • Google+ te da la oportunidad de crear un perfil mucho más extenso que Twitter. Recuerda que es público
  • Las publicaciones pueden separarse por grupos, así que lo que quieras para amigos puede quedar fuera de tus colegas del trabajo
  • La creación de círculos es más sencillo que Facebook
  • Sigue a personas que publiquen, de lo contrario Google+ será el lugar más aburrido que hayas conocido en las redes
  • Existen búsquedas por temas que te llevan a otras personas

Instagram, Flickr, LinkedIn, GetGlue y otras
Estas son pequeñas redes que terminan ligándose con otras de mayor peso, como Twitter y Facebook. Como dije, mi adicción es Instagram. Soy adicta (groseramente) a las fotos por celular y descubrir esta aplicación para iPhone fue la gloria. He publicado unas 700 fotos, no me he esforzado en conseguir seguidores, pero es una alternativa para los que estamos interesados en la imagen.

Como otras aún más pequeñas y exclusivas, Instagram, es una “red social especializada” o “de nicho”. Aunque puede compartirse en otras redes, ahí sólo hay imágenes y está dirigida a usuarios de iPhone. No puedes publicar otro tipo de contenidos, así que alguien que no esté interesado en la fotografía móvil no pasará un dedo por ahí. Lo mismo sucede con GetGlue, que es para compartir gustos de entretenimiento como películas, música, libros, series de televisión y videojuegos. Lastfm y Ping, para la música. Flickr, fotografías (De todo tipo).

Y así como hay esas, los hay para todo tipo de intereses y gustos. Aquí les dejo algunos links sobre redes sociales especializadas (los hay para cocineros, jardineros, geeks, amantes de los animales, artistas, deportistas etc):

http://www.lanacion.com.ar/1403055-llegan-las-redes-sociales-de-nicho

http://www.convertiv.com/niche-social-networking-sites/

http://www.pcmag.com/article2/0,2817,2347584,00.asp