Edgar Allan Poe / entrevista a Alberto Chimal

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Cápsula sobre la vida y obra de Edgar Allan Poe a razón de su bicentenario. Entrevista a Alberto Chimal.

Transmitida en Esfera Informativa por Concepto Radial, estación del Tecnológico de Monterrey Campus Ciudad de México

Investigación/voz: Laura Yaniz

Edición: Emilia Xiomara/Rodrigo Ugalde de Heane

Después de una interesante incursión a las ofertas para el “shareo” opté por blip.tv (username en blip.tv: lauyan)

Ahí estaré depositando los trabajos audio-visuales que salgan por alguna u otra razón.

La música enjaulada: Inauguración del Cervantino 2008

Fecha:  Miércoles 8 de Octubre de 2008.

Lugar: Alhóndiga de las Granaditas en Guanajuato, Gto. México

¿Qué pasó? Inauguración del Festival Cervantino 2008, por Joan Manuel Serrat

Entrando a Guanajuato. Siete de la noche. El hombre bajó la mirada: placas del Distrito Federal. Hizo todo tipo de señas hasta que nos detuvimos. Preguntó si íbamos al Cervantino, con ese acento peculiar de la altiplano central. Sugirió, en tono de orden, que buscáramos inmediatamente hospedaje porque “todo estaba lleno”. Nos dio un mapa. Recorrió con su dedo el camino que deberíamos tomar si queríamos hospedaje, y, claro, por una pequeña cooperación “de unos treinta pesitos” podía llevarnos a un lugar con estacionamiento. Insistimos que sólo queríamos saber dónde estaba la Alhóndiga de Granaditas… ¡y ya! Pero él insistió en hoteles y estacionamientos. El plan era sencillo: ir al concierto de Joan-Manuel Serrat (inauguración del Festival Cervantino), merodear por los callejones, ver algunos eventos y encaminarnos en la madrugada a Aguascalientes. Lo único que obtuvimos del hombre de la entrada de la ciudad fue la seña de su dedo apuntando la Alhóndiga en el mapa: suficiente. El mapa nos hizo pensar que la ciudad era muy grande. Pero en poco tiempo y con tráfico llegamos a la zona alta. Las calles se hacían más angostas. Todo estaba lleno. Pako encontró un estacionamiento. Le preguntamos al franelero si había un espacio para nosotros. Nos dejó un huequito entre una coladera abierta y un muro. Treinta pesos. Frente a una escuela. Un lugar “muy seguro, que hasta cámara tiene”. Yo nunca vi la cámara. Sabíamos que había que bajar. Obviamente ya no estábamos en la zona turística porque no había indicaciones. Pako decidió seguir “a la banda”. Caminábamos por una calle principal, pero “la banda” se metió entre los callejones. Las casas no tendrían más de cinco metros de fachada, descuidadas, mal pintadas, altas y oscuras. Definitivamente no estábamos en una zona turística. Subimos por un callejón y tuvimos que bajar. “La banda” había desaparecido. Lo obvio era seguir bajando y llegar a una calle principal. Las piedras de los callejones estaban resbalosas. Dimos vuelta junto a un pequeñísimo terreno baldío. Los callejones se estrechaban más. Y nos encontramos con otro tipo de “banda”. Era un grupo de amigos que hacían comentarios que nos ponían nerviosos, ecos de comentarios burlones como “este lugar está bueno pa’asaltar y ni quién se dé cuenta”. Ubicamos una calle principal y dimos con un anuncio indicando la dirección hacia la Alhóndiga de Granaditas.

Cuando llegamos a la calle que desembocaba en la Alhóndiga, Pako confesó que le era intimidante la cantidad de policías y soldados caminando en la avenida. Se preguntaba qué tipo de evento y gente esperaban. Las luces rojas y azules iluminaban rostros que no se atrevían a ver directo a los ojos de los soldados. Pako continuaba observando las armas y los uniformes. La calle estaba cerrada. Tensión. Empecé a reír. Pako no dejaba de comentar y cuestionar la presencia de patrullas, polis y soldados. “Voltea”. “No, no quiero”. “Anda, voltea”. Pako a penas observó de reojo, pero no quiso averiguar lo que le señalaba: un soldado caminando en son de marcha a unos dos pasos atrás de nosotros con su arma a menos de un metro de nuestros inocentes cuerpos. “Si llegara a pasar algo, se va a poner grueso”. Pero era Serrat, no iba a pasar nada. No había tanta gente como esperábamos y ya era tarde. El muro de piedra vieja, iluminado en amarillo, imponía. La calle desembocó en la parte trasera. El escenario estaba cerrado. No había paso. La gente se acumulaba junto a las vallas tranquilamente. Me empeñé en querer ver y escuchar a Serrat. La gente en las gradas del escenario gritaba y aclamaba al aún no aparecido.

Habíamos hecho uso de nuestras habilidades conciertísticas y atravesamos sin problema entre la multitud. Pero, como quería verlo y escucharlo, salimos de ahí. Pensé en rodear la Alhóndiga y llegar de frente al escenario. Entonces, advertimos la pantalla. Serrat se acomodaba en su banquito. Vestía de negro. Casi no dirigía la mirada al público. Colocó su guitarra. Y comenzó. Abrió con el poema de Antonio Machado que él se ha encargado de popularizar, Cantares [osea el de “caminante no hay camino, gracias, Tirzo]. Diría que la magia de las cuerdas de la guitarra y los acordes del piano mitigaron todo tipo de ruido del público en gradas. La luna viéndome a la cara. El encanto sublime de una voz llena de palabras con sentido. La sensación de romance. La voz y los acordes limpios de musicalización compleja… Pero, NO fue así. Yo veía a Serrat, mucho más cercano que su público de enfrente, pero no escuchaba nada. Supe que era Caminante no hay camino por mera adivinación. Un chavo, golpe a golpe, se hacía camino entre el mar de gente. Perseguía su gloria, estaba drogado. Al andar se hacía camino y al volver la vista atrás veía la senda que no iba a recordar. Y verso a verso la gente murmuraba la canción con timidez. Quise salir de ahí. Yo quería escuchar a Serrat. Rodeamos la Alhóndiga. Observamos una fila de gente bien vestida de negro sobrio atrás del escenario con boleto en mano.

En la calle lateral, todo era diferente. Un niño se acercó ofreciendo hoteles baratos. Había puestos ambulantes de frituras, piratería y chácharas. Dimos la vuelta. Encontramos la calle que nos llevaría al concierto. La música de cumbias, salsas y banda daba una sensación de alegría frente al pasaje de accesorios alternativos: a donde todos podían pasar. Yo quería subir, la gente bajaba. Se veían desanimados. Volvimos a dar vuelta. La cumbia era más fuerte que la música de aquel poema. Imposible pasar. Sólo accedían reporteros y camarógrafos. Había más gente en las vallas. Parejitas sentadas alrededor. Las escaleras llenas de amigos que no tenían nada qué hacer. El umbral amarillo iluminaba a la gente que, aunque se mantuviera silenciosa, no podía sentirse encantada. Pako y yo nos sentamos junto a una pared, para intentar escuchar algo. Pero la música estaba enjaulada, exclusiva para el público que había pagado o había llegado temprano. Ni una nota de magia se escapaba para los que estábamos afuera. Pako y yo, nos fuimos de ahí con la gente que merodeaba. A buscar algo qué hacer en una noche de miércoles cultural para los que tuvieran boletos. Fuimos al pasaje, donde el sonido era más claro y no excluía a nadie.

Desalojan fauna de Laguna de las Garzas

¿Qué pasó? Fue cedida la mitad de la Laguna de las Garzas, zona de reserva y conservación natural. Una vez dados los permisos, se comenzó a dragar con fin de extender el puerto. Gran impacto ecológico debido a que es zona de manglares. [Tipo de ecosistema escaso]

Lugar: Laguna de las Garzas, Manzanillo, Colima, México

Fecha: Diciembre 2008

Fotos: Laura Yaniz

En Junio de 2008 fui por primera vez a Manzanillo. Era temprano, como las ocho de la mañana… estaba amaneciendo. Hay que recordar que en las zonas de Pacífico tarda más en amanecer.

Para ir a la casa donde me quedaría era necesario pasar por el Boulevard Miguel de la Madrid, en el que desembocan las autopistas hacia Manzanillo, en dirección al mar. De repente, garzas. Patos. Pelícanos. Gaviotas. Más aves. Parvadas gigantes. Una laguna inmensa. El boulevard se rodeó de manglares. El agua reflejaba al cielo. Vi un letrero que advertía de la presencia de cocodrilos. Pregunté por el nombre de ese lugar “La laguna de las Garzas”.


En diciembre regresé a Manzanillo. Inmediatamente pensé en la laguna y que esta vez me aprovecharía de la calidad de fotos de mi celular. Cuando llegué, muchas cosas habían cambiado. Y estaban por seguir cambiando. Los plásticos que rodeaban los manglares junto a las banquetas estaban en algunos lados rotos y en otros muy nuevos y gigantes, negros, cubriendo a la altura de los árboles. Ya no había tantas aves, pensé al principio que era por la hora y la temporada.

Me quedé dos semanas. En alguna de las tantas salidas iba en un taxi y pasamos sobre el cadáver de un pequeño lagarto. El taxista me comentó que, desde iniciadas las construcciones, los animales del manglar se atravesaban la avenida para ir al otro lado. Tejones, lagartos, serpientes, habían sido atropellados y que él había visto muchos.

Con comentarios e historias me enteré que el gobierno cedió el territorio ocupado por el manglar a servicios y empresas portuarias. Manzanillo es un puerto en crecimiento, y su puerto aduanal comienza a tener problemas de cupo, por lo que se resolvió extenderlo hacia la laguna, donde están los manglares. Algunas aves (sin sus nidos) y los peces cercanos al puente que une las dos partes de la laguna pueden pasar con más facilidad al área protegida. Pero, roedores, reptiles e insectos  no, y ya sea que atraviesen la avenida o se mudan a las casas cercanas, donde no les dan una cálida bienvenida.

Atravesar el Boulevard no es sencillo ni como persona. Varias veces los vehículos en los que iba circulaban a más de 60km/h. Por esa razón no pude atravesarme para obtener una buena fotografía del dragado de la laguna.

En dos semanas, talaron los árboles, dragaron, aplanaron y comenzaron a acondicionar el lugar para unirlo pronto al puerto. Según el edicto que leí, el gobierno no cedió todas las hectáreas que las empresas solicitaron y pretende hacer un proyecto de ecoturismo. No sé de qué forma el ecoturismo hará que vuelvan a crecer los árboles… pero sí la ciudad.

Los manglares son uno de los ecosistemas más destruidos y más escasos. El manglar sólo se genera en las costas cálidas del planeta. Se distingue por la biodiversidad.

En México, los manglares del Golfo suelen contaminarse por derrames de petróleo y explotación. En el Pacífico, por el crecimiento portuario.

Mapa deManzanillo donde es observable la localización de la laguna:http://www.clubdereservaciones.com/es/25280_manzanillo/mapa/

Mapa de la zona afectada, localizada por mi: http://maps.google.es/maps/ms?ie=UTF8&hl=es&msa=0&ll=19.043296,-104.241371&spn=0.080971,0.147629&z=13&msid=103819287354318661977.000462646f363b92ffcc4

La primera vez

Éste es mi primer post.

Pretendo subir todo lo que vaya surgiendo a partir de ahora: ideas, reportajes, cápsulas, eventos, reseñas… y esas cosas que sirven un poquito de algo…

¡Buena venida!