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La belleza del dolor (Día Nacional del Pole Urbano)

Todas las presentes tenemos moretones visibles. Nos vemos cada uno de los golpes y nos sonreímos comprensivas.

Le dije a una chica que casi no me gusta llevar las piernas descubiertas porque las manchas verdosas y violetas siempre saltan a la vista. Ella me mostró sus golpes. Recordamos los que hemos tenido en los brazos, en las costillas, en la cadera… incontables. Y somos felices. Pocas veces hay tantas mujeres reunidas que tengan tantos golpes y estén tan sonrientes.

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El moretón se porta como un trofeo.

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“Vas”.

Frente a frente. La mano que acomoda toma el tubo. (Que quede sobre la cabeza). La otra queda debajo, a la altura de la cara. Jalan. Fuerte. Jalan el cuerpo y los pies se despegan del suelo. La cara mira sobre las manos. El cuerpo paralelo al tubo se queda un momento estático. La cadera se mueve a un lado. Se balancea el cuerpo. Uno, dos. Uno, dos, tres. Unodostrescuatro. Los que se necesiten. Los pies se lanzan al frente. La cadera hacia arriba.  Ahora la cabeza mira al suelo. Las manos permanecen en el mismo lugar. Las piernas abiertas, los pies en punta. Un momento. La foto.

“Ya hiciste V, ahora Escorpio”.

Una de las piernas engancha el tubo bajo la rodilla. Aprieta. Apunta. La otra pierna apunta hacia abajo y aprieta el tubo. Estira el cuello. Una de las manos se suelta. Cabildea la textura, estabilidad, fijación, seguridad del tubo. Y suelta la mano. El cuerpo queda colgado de la pierna, apoyado al tubo sólo entre la cadera y las costillas.

“Cristo”.

Las piernas se estiran. Enlazan el tubo. Lo aprietan fuerte con rodillas, muslo y toda la piel posible. Las manos que habían regresado al tubo están listas para soltarlo. Los ojos al suelo.

“Listo”.

Las manos regresan al tubo. Jalan el cuerpo. La cabeza ya hacia arriba. Las piernas bajan. Descanso. Sentada en el tubo. Foto. Las manos toman con fuerza nuevamente. Las piernas bajan lentamente. El cuerpo vuelve a estar paralelo al tubo. Bajar. Con delicadeza. Bella.

“Voy yo, ayúdame que voy a intentar…”

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Así de fácil es el Pole Dance.

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poledance

El pinino de una amiga

“Au, au, au, toma la foto”. Sonrisa. “¿Ya?”. Flash. “Au, au, au. Duele”. Sonrisa. Foto.

Encantadora.

Baja el cuerpo. La parte interna del brazo arde. La piel de la cintura está roja con puntos morados. La foto está impactante. Tendrá muchos likes en Facebook.

La foto: Ella sonríe. La cintura está recargada en el tubo. La parte interna del brazo de ese lado aprieta el tubo, poco debajo de la axila. Sostiene el pie. La otra mano hace lo mismo. Absolutamente nada del cuerpo toca el suelo. El único apoyo: la palanca que se hace al apretar el tubo con el brazo y la cintura. No más.

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Esto es adictivo. Este bello dolor.

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Mi turno.

Hasta lo más alto del tubo. ¿Seis metros? Quizás. Tanta altura hace feliz. No es tan fácil de encontrarla en un lugar techado.

Sentada. Las piernas abrazan el tubo. Descanso antes de hacer cualquier pirueta. Miro desde lo más alto, sobre el parque en medio de Coapa.

El primer día que fui a clase no pude cargarme. Al día siguiente desperté con un dolor de cuerpo que pocas veces había sentido. Consciente de cada músculo. Tardé mucho, mucho más, que mis compañeras en poder sentarme en el tubo sin gritar del dolor y querer bajarme de inmediato.

Pero no. Este dolor es bello… y lo bello, es adictivo. Y cuando lo bello lo hace tu cuerpo, siempre se busca más.

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